El morro de Sao Paulo, muy cerca del paraíso
Difícilmente la Embajada de Brasil en la Argentina podría haber acertado a un mejor destino para su último fam press de 2009. Tratándose de paisajes, oferta turística, playas, sol y colorido, ello no es una elección fácil en un país en el que la naturaleza parece confabulada con la alegría de sus habitantes. Si pasarla bien en cualquier rincón de su inmenso litoral marítimo es casi un imperativo categórico; una escapada al Morro de Sao Paulo, es superlativo.
Y ese fue, precisamente, el destino del último contingente de periodistas argentinos que llevaron. Con el agregado de una estadía, de ida y de vuelta, en la singularísima Salvador de Bahía, la ciudad de doña Flor (de los dos maridos que inmortalizara la genial pluma de Jorge Amado), de la que el mundo se enorgullece. Si contarlo, por aquello de que uno revive los viajes con sus crónicas resaltando los matices que de los mejores recuerdos atesoró, es una experiencia vivificante; haber sido parte del fam press (el nombre quiere decir viaje de familiarización para gente de prensa) fue mucho más que un privilegio de esos que los periodistas tenemos cada tanto.
Un viaje especial
Los viajes de familiarización para periodistas que organiza el Comité Visite Brasil, entidad coordinada por la Embajada del Brasil e integrada por 22 operadoras mayoristas de turismo, las aerolíneas TAM y GOL y otros representantes de la actividad turística, son siempre espléndidos. Pero esté fue especial por los lugares elegidos, por la gente que lo condujo y el grupo de colegas que contribuyó a que se disfrutase cada minuto desde que saliéramos de nuestro país en un vuelo de TAM hasta que volviéramos habiendo acumulado en poco menos de una semana una veintena de horas de vuelo que poco y nada se hicieron notar. Con un trasbordo en el aeropuerto de Sao Paulo, TAM lleva a los visitantes a Bahía con comodidad recomendable. Aunque esta frase suene a hecha o a mero slogan turístico, fue así. Máxime si el personal de TAM que a uno lo atiende es alguien tan encantadora como la representante designada a nuestro fun press, Beatriz Alejandra Tevere.
Junto a Beatriz, el funcionario de la embajada, Fernando Bacot, y la fotógrafa, Denise Giovaneli, formarían un eficaz equipo que hizo pasar desapercibida cualquier desinteligencia que hubiere podido empañar el paseo. Con ellos y a cargo de los traslados terrestres, alojamientos, comidas y demás, estuvo una rosarina especial: Lucía Brown, en representación de la operadora turística Free Way que integra el Comité Visite Brasil.
Los periodistas que también integraron el fam son Martín Wain, del diario La Nación; Daniel Moya, de Clarín; Alejandra Barrionuevo, de la revista Elle (Clarín) y Lorena Riera, de la revista El Galeón, de Córdoba. Contar cómo el grupo se distendió, divirtió y disfrutó esas jornadas laborales que se extendieron entre el 12 y el 16 de noviembre por callejuelas coloniales, barrocos eclesiásticos, playas paradisíacas u hoteles impresionantes, es tan tentador como indiscreto e innecesario pero habla a las claras del éxito con que los brasileños cerraron una vez más su mecanismo de promoción turística, en este caso, dirigida a los rosarinos.
Pues bien, el veredicto es inapelable y debería ser acatado por todo rosarino o santafesino en uso de sus facultades y con sus sentidos en alerta que lea esta nota: conocer el Morro de Sao Paulo, y de paso Salvador de Bahía, debe ser propósito personal a cumplir de ahora en adelante. No es imposible. Se puede ir en todo el año y actualmente por ocho noches en la ciudad de Salvador de Bahía viajando en vuelo directo desde Buenos Aires con la empresa GOL, alojándose en el hotel Stella Maris, todo incluido, el precio ronda los 1.900 dólares. Hay ofertas más baratas pero el Stella Maris, es un resort 5 estrellas, sobre la playa del mismo nombre que es la más exclusiva y hermosa de Salvador. Una estadía en este lugar garantiza muchas cosas de las cuáles damos seguridad de una sola: es imposible sentirse mal. Otra opción es una noche en Salvador, cuatro en Morro de Sao Paulo y tres más en Salvador, viajando directo desde Buenos Aires con GOL, ronda los 1.200. Visitar Salvador, tres noches de alojamiento, y Praia do Forte, cinco, cuesta alrededor de 1.300 dólares.
San Salvador de Bahía
Las singularísimas características de Salvador y de toda la cultura bahiana que le confieren el reconocimiento de destino turístico internacional que posee, va más allá de lo pintoresco de las calles de su casco histórico, su sabrosa y única comida, sus ritmos y cadencias o el sincretismo de su religiosidad popular con sus llamativos ritos. Con un 95 por ciento de sus tres millones de habitantes de raza negra, esta ciudad es parte insoslayable de la historia del Brasil y de la América Latina. La capital bahiana es escenario y objeto de estudio de profesionales de diversas áreas, desde hace muchos años. Antropólogos, teólogos y sociólogos de todas las latitudes son atraídos por esta sociedad de gentes alegres pese a sus notorias desigualdades sociales.
En las callejuelas del casco histórico —en las que las mujeres con vestimenta típica (las bahianas que vemos en las escolas de samba del carnaval) se prestan por dos reales a posar para darle el toque local a la foto de cada turista o los grupos de jóvenes por idéntico precio pondrán un fondo de agilidad incomprensible con malabares de los pasos de la capoeira—, no es difícil imaginarse cómo pudo haber sido la vida en los siglos XV y XVI. Allí uno se enterará que las bahianas usan esas polleras tan amplias con miriñaque debajo porque, según la versión que ellas mismas cuentan, sus antepasadas
sus antepasadas las obligaban a vestirlas por sus dueñas blancas para cubrir sus voluptuosas formas y largas piernas procurando evitar que sus maridos europeos cayeran en tentación. Al estar de los muchos bahianos negros que se ven con ojos claros o rasgos caucásicos, las matronas de la colonia no tuvieron demasiado éxito con sus disposiciones represivas.
La arquitectura de sus millares de caserones de los siglos XVI, XVII, y XVIII con frentes coloreados en vivos y diferentes colores haciendo un escenario único, las muchas iglesias, los fuertes, las plazas (la principal es el Pelourinho el sitio donde se azotaba en público, a veces hasta la muerte, a los esclavos díscolos), todo remonta a aquellos orígenes lejanos en los que esta ciudad ya conociera grandeza y esplendor. Salvador fue sede de la capital de la Corona Portuguesa en las Américas hasta 1763 y el principal puerto de la América del Sur hasta el siglo XVIII. Hoy es la capital cultural del Brasil y patrimonio histórico de la humanidad declarado por la Unesco.
Un breve repaso por las iglesias habla de la magnificencia que Salvador adquiriera ya en los siglos XVII y XVIII. Nossa Senhora do Rosário, de1768, es la iglesia que se construyeron los negros esclavos a quienes los señores blancos no dejaban ingresar a las suyas. La iglesia del Jesús del Bonfin es la principal y centro de una costumbre llamativa que habla del sincretismo religioso. El Señor de Bonfin es invocado atando en el propio templo o a modo de pulseras, cintas de colores. Los vendedores de cintas de colores pululan en torno al lugar pero un extranjero que se vaya sin una cinta de color atada en su muñeca no podrá esperar un milagroso buen fin como el que pidiera el fundador Thomé de Souza cuando una tormenta lo sorprendió en la bahía de Todos los Santos, sobre la que se erige la ciudad.
Toda una crónica aparte exigiría la iglesia So Francisco de Assis, iniciada en 1781 y terminada 1805. Es la muestra de la opulencia que diera Ouro Pretto en Minas Gerais. Como ninguna otra en el mundo tiene un estilo barroco laminado en oro que quita el aliento. Sus altares, techos y columnas descubren historias de odios entre los colonizadores, los esclavos negros y los indígenas originarios. Puede verse por ejemplo como muchas figuras tienen rasgos diabólicos, talladas así en venganza por los esclavos o indios obligados a trabajar en su construcción. Los muchos querubines desnudos tienen sus genitales castrados por orden eclesiástica al ver las extraordinarias dimensiones que los artistas les habían dado a esa parte de los cuerpos.
Centro histórico
El centro histórico de Salvador se divide en tres áreas principales: de la Plaza Municipal al Largo de S o Francisco, Pelourinho y Largo do Carmo, finalizando con Largo de Santo Antonio Além do Carmo. El Elevador Lacerda (un gigantesco ascensor en el que entran 400 personas por vez) permite ir de la parte alta a la baja de la ciudad o viceversa. Es que esta ciudad está recostada sobre morros y cerros de vegetación sin par.
Que Caetano Veloso, Gilberto Gil, Maria Bethania, Daniela Mercuri o Ivette Sangalo sean bahianos habla a las claras de que Salvador no es una ciudad triste. La música y sus representaciones, capoeira, afoxé, Folia de Reis, Maculelé y Samba de Rueda o los tríos eléctricos (grandes vehículos con parlantes gigantes que sirven de escenarios ambulantes) en el carnaval; al igual que la naturaleza con sus pájaros o el sempiterno arrullo del mar son tan propicios a Salvador como su comida, otro indiscutido y cuidado reducto de identidad. El guisado de pescado o camarón fuertemente condimentado que llaman moqueca, los frutos de mar cocinados en dendé (aceite de palma) el bobó de camarón (con leche de coco y crema de yuca), el vatapá (crema de maní), el sarapatel (menudencias de cerdo picados y cocidos) y el caldo de sururu (una especie de minimejillón), son sólo algunos de los manjares bahianos.
Si en toda representación de unas vacaciones tropicales cuadra en el imaginario colectivo un paraíso de playas de arena blanca, aguas celestes, palmeras y sol a pleno, bien podría decirse que ese lugar existe y es el archipiélago en que se encuentra el Morro de Sao Paulo.
La distancia cercana a los 400 kilómetros hacia el sur que hay entre el Morro y Salvador se hace en un catamarán que lleva centenares de pasajeros. Este viaje debe computarse como parte del paseo. Dos horas en medio del mar y en la cubierta de esa nave bajo un cielo generalmente diáfano, es algo de lo que vale la pena no privarse.
Se llega y no se advierte todavía la entidad del lugar. En el muelle llaman la atención la cantidad de jóvenes con carretillas. En rigor, ese es el transporte público de cargas. Se diría también de pasajeros pero es evidente que la mayoría de los turistas no tiene corazón para sentarse en las carretillas y exigirles a los conductores el enorme esfuerzo que significa subir y bajar las cuestas. Ya que lo hagan con las carretillas atestadas de valijas y equipajes mueve al asombro. Sobre todo por la velocidad con que lo hacen.
Playas
La Primera Playa se encuentra apenas se baja de la calle principal de lo que sería el “microcentro”. Es sobre la que se levantaron las primeras casas que con los años terminarían siendo convertidas en posadas y restaurantes pero también en la que se pueden contratar la mayoría de los deportes náuticos desde paseos en lanchas, botes de goma, al surf o buceo.
La Segunda Playa es el lugar de los jóvenes que juegan en la arena, toman caipirinha a toda hora y viven el lugar con silencio o bullicio, de día o de noche. Es la mejor de todas, dicen muchos.
La Tercera Playa es sinónimo de buceo. Es una saliente y la caracteriza la presencia de Ilha de Saudade (isla del recuerdo), un islote con una única palmera cocotera en el medio que hace recordar aquellos primeros dibujos de islas o vacaciones que dibujáramos en la escuela primaria.
En la Cuarta Playa uno tiene la sensación de que aparecerá en cualquier momento Leonardo Di Caprio actuando en la película La Playa. La extensión de arena blanca surcada de un lado por un intenso azul celeste que se funde con el horizonte y por el otro lado una selva verde de palmeras, es un escenario de película. ¡Nadie me confundió con Di Caprio!
Siguiendo el recorrido por la costa llegamos a Gamboa. Otras dos islas integran el archipiélago. Separada de Tinharé por el río del Infierno, Boipeba suma lo agreste, lo salvaje… en fin. Finalmente llegamos a Cairú, donde se erige la segunda ciudad más antigua del Brasil. A esta altura el grupo ya está cohesionado y pasó la prueba. Cada uno supo desplegar sus mejores artes e ingenio. Todo con el afán de hacer de cada rato el mejor. Es que todos, nos olvidamos de que vinimos a trabajar o,trabajamos del modo en que quisiéramos hacerlo siempre.
fuente/lacapital.com.ar/