Una montaña de selvas tupidas y manadas de monos aulladores asomados entre árboles dan la bienvenida en la isla. Es el lugar perfecto para quienes huyen del estrés o de las tristezas.
Apenas se pone un pie en el lugar se siente en las entrañas un deseo intenso de quedarse ahí toda la vida. Ihla Grande es un paraíso de esos sobre los que uno se pregunta si en realidad existen.
Y sí. Este sí existe y con montañas verdes, decenas de playas de arenas distintas y aguas cristalinas, y esa vida que transcurre sin la contaminación de los carros ni los afanes de la ciudad (en la isla no están permitidos los autos), Ilha Grande enamora y atrapa sin aviso. No hay más que dejarse llevar por sus encantos.
Es un destino para aquellos que buscan un lugar que le dé más sentido a la vida.
Aquí los días trascurren entre caminatas, a bordo de los barcos que recorren diariamente los lugares de observación de peces y las mejores playas.
Por eso, no es casual que en medio de tanta selva y tortugas marinas se encuentren decenas de personas que han decidido cambiar sus vidas y dedicarse a disfrutarla en contacto pleno con la naturaleza.
En Ilha Grande no es extraño toparse con ex gerentes de bancos que hoy allí alquilan kayaks, hombres que fueron ejecutivos en Sao Paulo que ahora ofrecen paseos en barco, periodistas que sirven de guías turísticos, enfermeros dedicados a dar paseos en lancha y hasta ex paracaidistas acrobáticos, que no quieren hacer más que caminar por la playa y proteger el ambiente.
El sol se asoma tras el continente y el mar de la isla se ilumina con esos tonos verdes azulados de aguas calmas por donde pasean a diario las tortugas marinas. Los delfines pasan jugando y uno descubre que no existe nada más importante que verlos pasar y nada más deliciosos que sentir cómo el mar cálido llega hasta los pies.
Es otro mundo. Uno que acoge a los viajeros con cariño, con una tranquilidad de la que es difícil soltarse… No en vano, Ilha Grande también se conoce como el cementerio de los veleristas, porque los navegantes, que usualmente pasan sólo dos días en cada puerto, llegan a este lugar y no pueden volver a arrancar. Quedan anclados en el paraíso, fascinados por su belleza.
Algunos barcos que tenían otro rumbo se quedaron aquí para siempre, otros se dejan seducir por meses. Luego su tripulación levanta las velas, siempre con el corazón en la mano.
Algo mágico tiene esta isla, que hace que sea muy difícil desprenderse de ella y dejar de soñarla cuando uno ya está lejos. Quizás sean sus 130 kilómetros de costa o sus más de 100 playas, como Lopes Mendes, de más tres kilómetros de una arena blanca, tan fina que se camina entre sonidos de ‘cric, cric’.
O tal vez sean sus montañas, ese pico de Papagayo, el segundo más alto de la isla, (el primero mide 1.031 metros sobre el nivel del mar, m.s.n.m) pero no tiene acceso para los turistas, que desde sus 982 m.s.n.m. deja ver a lo lejos los techos de Río de Janeiro. O de pronto son las cascadas, como la Feiticeira (Hechicera) que, según la leyenda, deja atrapado a todo aquel que se bañe en sus aguas.
Algo mágico tienen las playas de Cachadaço y Palmas, de suelo claro entre tanto verde, los cientos de peces con rayas tigre de la Lagoa Azul y también la playa Preta, de arenas tan negras que dejan los pies color ceniza.
Sin duda, el principal encanto de la isla está en la combinación de selva, morros, escarpadas, pontones, playas, planicies, ríos y grutas.
En Ilha Grande todos son habitantes de honor… Los cangrejos gigantes (guaiamum), los micos pequeños de cola larga que viven tan tranquilos que se dejan tomar fotos a pocos centímetros, las manadas de monos aulladores (bujíos) que se oyen a lo lejos; los caracoles que invaden los caminos del pueblo en las noches y hasta las mantarrayas que pasean en pareja cerca a la playa.
Si usted va…
-Los colombianos no necesitan visa para viajar a Brasil, sólo la vacuna contra la fiebre amarilla.
-Vila do Abraão, con unos 3.000 habitantes, es la capital de la isla y donde se encuentra la principal infraestructura turística. Son decenas de posaditas con no más de 14 cuartos, que en su mayoría incluyen el desayuno.
-Los grandes hoteles están prohibidos para que los pobladores se beneficien del turismo. En temporada baja (de abril a noviembre) el precio de una habitación doble está entre 60 y 120 reales (de 60.000 a 120.000 pesos). En temporada alta (diciembre a abril) los precios se duplican. También hay camas en habitaciones y baños compartidos. Se puede acampar y alquilar carpas en los sitios legalmente constituidos para ello.
-La isla está ubicada a 180 kilómetros al sur de Río de Janeiro, mide 193 kilómetros cuadrados y fue descubierta en 1502, dos años después del descubrimiento del Brasil. Sirvió como punto estratégico del tráfico de esclavos, fue la sede de grandes plantaciones de caña y tabaco, y desde 1940 hasta 1994 sirvió de prisión para presos comunes y políticos, hasta que el presidio Cândido Mendes fue demolido. Desde entonces ha desarrollado la industria turística.
-Es considerada una reserva biológica y cuenta con un centro de investigaciones, a cargo de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro, en el sector de Dois Rios, el lugar donde antiguamente quedaba el presidio Cândido Mendes.
-Si va a viajar lleve impermeable, botas de caminar, protector solar y repelente. Para llegar a la isla puede tomar la barca desde Angra dos Reis o Mangaratiba, que tarda, en promedio, una hora y media, o el catamarán que se demora 45 minutos. Verifique los horarios de las barcas porque son limitados y varían.
-Es importante llevar suficiente dinero en efectivo porque en la isla no hay bancos ni cajeros y no todos los negocios reciben tarjeta de crédito. Si alquila carro en el continente, puede guardarlo en parqueaderos seguros en Angra dos Reis.
-En la isla hay decenas de agencias dedicadas a los paseos en barco. Aunque existen tarifas establecidas, es mejor comparar los precios y las ofertas.
fuente/eltiempo.com